CONUVERSIDADES: LOMAS DE ZAMORA Y LUJÁN, LAS PIONERAS

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Nueva entrega sobre las universidades del conurbano: tomando como eje la UNLZ y la UNLU, Hábitat Ciudadano indaga sobre su surgimiento como pioneras en un universo hasta entonces abarcado por la UBA, Córdoba y La Plata, y cómo la dictadura de Onganía cambió la política universitaria. Éstas y otras cuestiones, mientras recorremos el campus de Lomas de Zamora.

por Cecilia Molinaro y Agustin Ilutovich

Para continuar la serie temática sobre las universidades nacionales del Gran Buenos Aires, abrimos un repaso más detallado por las tres camadas históricas que fueron formando esta red ya consolidada hoy en día. Comenzaremos por la primera etapa, de comienzos de los 70, con la Universidad de Lomas de Zamora como caso testigo.

ALBERTO TAQUINI Y SUS CATORCE UNIVERSIDADES

La década de 1960 se terminaba, y mientras en diversos países las revoluciones juveniles estallaban dando comienzo un fuerte cambio cultural, en la Argentina ese proceso era reprimido por una de las constantes dictaduras militares que marcaron nuestra historia entre 1930 y 1983. El grupo encaramado en el poder seguía la línea más conservadora en lo cultural y social, demostrándolo ante la sociedad en 1966 con la Noche de los Bastones Largos, en la cual las fuerzas armadas entraron a las universidades públicas amedrentado y golpeando a docentes, estudiantes e investigadores. Los años de cierta libertad académica que se habían vivido durante los gobiernos radicales de Frondizi e Illia se habían terminado, y de la manera más violenta imaginable. 

La irrupción de los militares en el espacio educativo fue el disparador de una gran fuga de cerebros que perjudicaría el futuro del país tanto en el corto como en el largo plazo. Mientras tanto la elite dirigente que acompañaba a los militares encabezados por Juan Carlos Onganía traía una nueva línea directora. Era tiempo de una visión de tecnocracias “sin ideologías” al servicio de las multinacionales, el desarrollismo con créditos del FMI y del BID y el enriquecimiento ya sin control estatal de los grandes latifundistas de la Sociedad Rural que habían apoyado al golpe militar fervientemente. Y para construir esa nueva proyección de país, a tono con una Revolución Argentina que se planteaba llegar al año 2000 (“esta revolución no tiene plazos, tiene objetivos, diría Onganía), no faltó un proyecto de universidades moldeadas a tono.

La dictadura tomó entonces la propuesta del doctor Alberto Taquini, médico, docente e investigador de la UBA que sería nombrado Secretario de Estado de Ciencia y Tecnología. Se trataba de un plan -basado en modelos de universidades europeas concebidas en los años 60- para la creación de 14 centros académicos distribuidos desde Misiones hasta la Patagonia, con el objetivo de descentralizar el peso de las tres universidades “clásicas” (Buenos Aires, La Plata y Córdoba) y distribuir el sistema de enseñanza superior a nivel nacional. Uno de los fines era desconcentrar a la masa estudiantil que podría suponer un problema para el régimen militar, ya que la UBA reunía a 80.000 estudiantes aproximadamente para esa época.

Fue en este contexto que surgieron nuestras dos primeras conuversidades, a las que cuesta vincularlas con las que se crearían décadas después de forma más masiva, precisamente porque no fueron pensadas con la misma misión de fondo. En vez de orientarse al servicio de las necesidades de los partidos del Gran Buenos Aires a escala más local, se tomaron como respuesta a inquietudes estratégicas a un nivel nacional, y particularmente orientadas a la producción agrícola (la actividad económica más tradicional a nivel provincial). La política universitaria se vinculó con la formación de recursos humanos y sus beneficios a una escala regional.

El campus de la UNLZ hacia 1993, con tres facultades ya funcionando – Fuente: Prensa UNLZ
PIONERAS AL OESTE Y AL SUR

 

 

La Universidad de Luján se creó por ley nacional en diciembre de 1972 y pocos meses después ya comenzaba su primer “ciclo introductorio”, repartida entre edificios municipales y un humilde parador sobre la ruta 5 donde hoy funciona un restaurante. Mientras esto ocurría, el país cambiaba de situación política con el retorno de la democracia y las autoridades a cargo de dar forma al proyecto ya no respondían a la línea de la dictadura militar, sino a la del peronismo que volvía al gobierno después de 18 años.

Mirando rápidamente las primeras carreras que se dictaron allí, se comprenden las prioridades originales: Ciencias Agrarias , relacionada intrínsecamente con la producción agraria a través de licenciaturas en Transformación de Alimentos y en Producción Animal y Vegetal; y Ciencias Sociales, con especial interés en capacitar técnicos en Minoridad y Familia. En los siguientes años, para instalar su propio campus se consiguió parte del predio del Instituto de Menores Ángel de Alvear, ubicado sobre un margen de la ciudad (a unas 20 cuadras de la plaza principal), con fácil accesibilidad a Buenos Aires desde la ruta 5 y el Acceso Oeste. 

La apertura de esta casa de estudios trajo consigo un proceso de apropiación por parte de la gente de la región, interrumpido en 1980 cuando las circunstancias oscuras de una nueva dictadura militar cerraron sus puertas hasta que en 1984, con otra vuelta a la democracia, se retornó también a la actividad académica, sin cortes hasta la actualidad. En el año 2011, reportaba tener más de 16.500 estudiantes.

La Universidad de Lomas de Zamora -que hoy se autoproclama como “la primera del conurbano”- fue creada por ley en octubre de 1972 y también comenzó sus primeras cursadas en espacios prestados de la Escuela Normal de Banfield. Su oferta académica inicial estuvo basada en las carreras de Administración, Ingeniería Rural y Comunicación Social. Dos años después lograría una cesión de tierras pertenecientes a la Universidad de La Plata en la antigua estancia Santa Catalina, una histórica reserva natural de 600 hectáreas en pleno partido.

Aún cuando la UNLZ sufrió la intervención militar a partir de 1976, y cuenta con desaparecidos entre sus estudiantes y docentes, evitó ser cerrada como fue el caso de Luján y logró un crecimiento progresivo  en cuanto su matrícula, llegando a las 13.000 personas para fines de la dictadura. Luego avanzó en cuanto a oferta académica, con la creación de las facultades de Derecho e Ingeniería en 1986, y consolidó su campus en Santa Catalina a lo largo de las siguientes décadas. Para 2016, el Sistema de Consultas de Estadísticas Universitarias indicaba que contaba con más de 37.200 estudiantes.

Si en el proyecto original de Alberto Taquini la UNLu debía encargarse de absorber la demanda universitaria de las ciudades al oeste de Buenos Aires, la UNLZ logró imponerse sólo gracias a las gestiones de una Comisión Pro-Universidad lomense, ya que la idea original para la zona sur era la localidad de Quilmes. Quedaría pendiente -y finalmente trunca por las turbulencias políticas que vendrían luego de 1973- la creación de una tercera universidad que respondiera a la demanda del corredor norte del Gran Buenos Aires desde la estratégica ciudad de Zárate, muchos años antes de que en esa zona brotaran las universidades privadas.

Mapa cronológico de la evolución del campus de UNLZ – Fuente: Google Earth
RECORRIENDO EL PRESENTE

Junio de 2019: Para hacer una visita al campus de la UNLZ saliendo del centro porteño hay una larga travesía hasta llegar al Cruce de Lomas (donde el ex-Camino Negro desemboca en el Camino de Cintura), que en transporte público toma más de una hora de viaje (sin contar embotellamientos). Una alternativa algo más veloz es el auto, aprovechando las autopistas que reducen el tiempo de viaje a un mínimo de 45 minutos. Haciendo este camino se pueden ver, desde arriba del viaducto que reemplazó al antiguo Camino Negro, las deterioradas calles de Ingeniero Budge, Fiorito, Villa Albertina, muchas de ellas aún de tierra y con lodazales. Nudos de cables caóticos que cuelgan en decenas de casas, galpones, depósitos de colectivos y chatarra acumulada (autopartes y desguaces de demolición), viejos predios industriales abandonados, capas y capas de afiches de bailantas intercalados con otros de campañas políticas de todo tipo que tapan las persianas metálicas y paredones. Luego de esta travesía, el panorama se abre al pasar una serie de curvas y desembocar en un inesperado bosque de pinos, un paisaje casi rural que surge sin aviso. Es la reserva de Santa Catalina, donde desde hace cuarenta años la Universidad ha ido instalándose.

Entendemos que el principal objetivo de la UNLZ no es convocar a la gente de ciudad de Buenos Aires, pero al ver su ubicación dentro del propio partido de Lomás, la misma se encuentra a más de 30 cuadras del centro de la localidad. Quizás no resulte una distancia terrible, pero ante la comparación con otras conuversidades, no deja de ser un punto en contra. Basta con observar los predios conseguidos por las universidades de Tres de Febrero, Quilmes, San Martín, Lanús, etc. junto a importantes estaciones ferroviarias y en los centros comerciales y administrativos de sus respectivos partidos. Desconocemos otras alternativas al auto particular si se quiere llega desde lejos o cursar de noche.

Quizás todo lo dicho explique el enorme cinturón de estacionamientos que rodea al campus de la Universidad de Lomas, formando un mar de autos tras el cual asoman los pabellones de ladrillo y hormigón repartidos en un parque amplio y muy arbolado, que cuenta con muchos árboles maduros que dan buena sombra y -en esta época otoñal- tiñen el pasto del parque de marrones y amarillos. El ladrillo es el  material que reina en todos los edificios, aunque se note que fueron construidos en épocas bastante distintas por sus estéticas diversas. 

Recorrida entre pabellones en el campus de la UNLZ

Los edificios más antiguos (de principios de los años 80)  nos lleva a la imagen de algunas universidades norteamericanas, con estética austera pero que llega a ser acogedora. El edificio de Ingeniería es muy particular, con balcones interiores calados en las fachadas de ladrillo y una extraña sensación aplastante en su interior monumental y al mismo tiempo comprimido. Otros pabellones más nuevos, tienen una búsqueda más pretenciosa e imponente, con grandes pórticos de varios pisos de altura, fachadas de vidrio espejado y plazas “cívicas” de entrada con mástiles y escaleras formando diseños geométricos.

Incluso un día sábado a la mañana se ve mucho movimiento de estudiantes atravesando los estacionamientos y los senderos de cemento que serpentean por el parque hacia los pabellones que rodean una gran plaza central que invita a encontrarse a las personas de cinco facultades totalmente diferentes. En este “parque universitario” la gente aprovecha el pasto y la sombra para juntarse, descansar, leer apuntes, incluso tocar algún instrumento antes de que el frío invernal lo haga imposible.

Lo laberíntico en este campus marca tanto el exterior del predio como al interior de los edificios. Al llegar, un novato – como nosotros – no va a encontrar mapas, carteles ni señales a simple vista que aclaren cómo funciona el lugar: hay que acercarse a cada pabellón para descubrir qué ocurre ahí. O preguntarle a cualquier estudiante, que pareciera tener el mapa del campus totalmente memorizado. 

Los edificios son exteriormente complejos, llenos de recovecos, giros, rincones y escaleras exentas, bares y centros de apuntes. No hay una lógica de la repetición, de simetría, ni el uso de un mismo modelo edilicio para todas las unidades. 

Vista áerea del campus UNLZ

 

Otro rasgo llamativo es que las cinco facultades del complejo tienen un bar de estudiantes propio. Comparando con otras universidades visitadas, hay algo muy particular en que cada edificio tenga su propio espacio de reunión o donde compartir un café. Muestra la abundancia de espacio y un muy buen aprovechamiento del predio al construir “pabellones-comedor” con mesas al aire libre, sol y vistas del parque. La contraparte es que genera mayor separación y menos chances de cruzarse entre personas de distintas carreras. No es tan común, si se piensa que muchas conuversidades reúnan diversas facultades en un solo edificio; y las que cuentan con un campus con parque, suelen concentrar a los estudiantes en un solo comedor. Hay algo de amplitud y comodidad en la manera que se ocupó el inmenso predio, y los edificios nunca transmiten sensación de falta de espacio (muchas veces presente en otros lugares de estudio).

El Rectorado custodia el campus desde lejos. Aparece como una gran colina artificial por su techo en forma de arco plegado del terreno, en donde se asoma una gran fachada de vidrio espejado. También desde la distancia llega el eco de disparos, ya que el predio del Tiro Federal de Lomas se encuentra junto al de la universidad, y el sonido de las prácticas rebota de fondo durante cualquier paseo por el parque, sumándose al paso de algunos aeroplanos que vienen del Aeródromo de La Matanza. 

Frente al campus universitario, y cruzando la avenida Juan XXIII por una pasarela que lleva a una gran parada de colectivos construida para la universidad, se puede ver desde lo alto la inmensidad de la reserva de Santa Catalina, y más allá una serie de galpones abandonados, un gran complejo industrial que nos hace pensar en la decadencia industrial del Gran Buenos Aires y de esta región de Lomas de Zamora en particular

Vista a Av. Juan XXIII desde la pasarela de acceso
IDENTIDAD Y TRADICIÓN: LLEGANDO A LOS 50 AÑOS

El peso histórico que ya tienen ambas universidades que se están acercando al medio siglo de vida no solo comienza a construir un sentido de tradición -esa palabra tan utilizada cuando se habla de las universidades de mayor antigüedad- sino una identidad propia consolidada. No podemos dejar de preguntarnos si responde a una cuestión más local, para quienes sienten pertenencia al lugar por ser de zonas aledañas como Monte Grande, Ezeiza o incluso de aquellas más distantes como La Plata o Cañuelas. 

La oferta académica, si bien responde a aquellas carreras clásicas, ha incorporado especializaciones o nuevas disciplinas que podrían no tener la demanda masiva de las que establecieron el eje fundacional de la UNLZ, pero que brindan la oportunidad de atraer estudiantes “de nicho” y fortalecer la identidad institucional a través de la especialización en áreas alternativas, de vanguardia, relacionadas a la tecnología o a ciencias sociales no tenidas en cuenta por la Universidad de Buenos Aires y demasiado costosas de cursar en la oferta privada.

La UNLu por su parte ha sido pionera en las carreras de Trabajo Social e Ingeniería en Alimentos, hoy consolidadas pero absolutamente novedosas a principios de los 70. La institución supo aprovechar la preexistencia del Instituto de Menores en cuyo predio se instalaría su campus universitario, para proponer la especialización en Minoridad y Familia haciendo uso de los recursos y como respuesta a la problemática que atendía el “Ángel de Alvear”. Cuando revisamos la oferta de la Universidad de Lomas de Zamora, vemos los mismos rasgos de innovación al comenzar, dictando carreras como Ingeniería Agraria, y de vanguardia al iniciar la carrera de Administración, que actualmente es elegida por miles de personas en la enseñanza tanto pública como privada, bajo la denominación de “Administración de Empresas”.

Al visitar el campus del Cruce de Lomas, nos pareció estar descubriendo  una joya escondida para quienes -como nosotros- el horizonte no trasciende el primer cordón del conurbano. Nadie juzga lo aislado como un factor negativo -a pesar de lo complejo que puede ser acceder con transporte público-, sino que funciona como un denominador positivo para su desarrollo paulatino pero constante hasta nuestros días.  

El apabullamiento que hoy por hoy representa tener información inmediata y abundante sobre la UBA, nos ha llevado a tener que buscar en varias fuentes dispersas y poco catalogadas a la hora de averiguar más sobre los orígenes de estas universidades suburbanas. Éste y otros factores alimentaron nuestras ganas de querer esclarecer cómo surgieron y crecieron a lo largo del tiempo. 

Concluímos con estas líneas una primera etapa de surgimiento de las conuversidades, entendiendo que los 90 trajeron consigo no solo aires neoliberales sino también algunas universidades de gran renombre en la actualidad. 

Comedor universitario de la Facultad de Económicas – UNLZ

Fotografías y edición: Cecilia Molinaro

Ilustración: Agustina Velasco

Drone: Leandro Amura

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