HABITANDO EL AISLAMIENTO #13 – ¡HOY, LOCRO CARGADO DESDE SANTIAGO DEL ESTERO!

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Santiago del Estero es la segunda provincia más pobre del país, sin embargo, tienen un manejo eficaz en la lucha contra la expansión del COVID-19. ¿Cuáles son las claves de una provincia que está en el centro geográfico del norte, que es lugar de paso hacia todo NOA, y que tiene una cultura de festejar la vida con una chacarera de fondo bajo el tradicional “alero” de sus casas? Desde Hábitat Ciudadano seguimos recorriendo el país, sumando más relatos para la serie de Habitando el Aislamiento.

                                                                                                                                              por Rodolfo E. Domnanovich

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La Cordillera de los Andes está muy lejos de Santiago del Estero, sin embargo, la provincia participa de una cualidad andina única: una extendida y viva cultura quichua en sus comunidades campesinas indígenas y su población criolla rural. Tiene probablemente, la mayor cantidad de quichuahablantes del país. El quichuismo sobrevive gracias a la gran dispersión poblacional en miles de pequeños asentamientos rurales, y unas pocas y pequeñas ciudades. Junto con Misiones, es la provincia que posee la mayor población rural del país, distribuida a lo largo de una geografía llana, arcillosa, inundable, donde encontramos los bosques más extensos de la Argentina. 

La única gran concentración urbana provincial se encuentra en la capital, Santiago del Estero que forma un aglomerado con La Banda, ambas separadas por el mishky Mayu (río Dulce). Es muy loco porque el quichua es como el inglés. se pone al revés todo: mishki Mayu ( es dulce río). Hay unos caramelos que desde chicos comíamos en Bs As. que se llaman Misky (=dulce) !! O “suncho Corral” (la localidad), es Corral de Suncho. En estas ciudades, no por moda, sino desde siempre, existe la asantiagueñada costumbre andina de comer locro los domingos y feriados de invierno. En los barrios populares, las familias se reúnen desde temprano, y con un fondo de chacarera o guaracha se empieza a preparar la olla para toda la familia, más casuales entenados. Cerca de la hora señalada, alguien agarra una pizarra o cartel improvisado, lo saca a la calle y provoca la tentación de los transeúntes: ¡Hoy, locro cargado! $ 150. Traer olla. 

 

 

El ingenioso recurso de vender una parte del locro familiar es la llave que permite, en los barrios, pagar la locreada para toda la familia. Sin embargo, esa deliciosa costumbre desapareció al inicio de este invierno. El aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) llegó a la cuna de la chacarera con toda la fuerza de una eficaz política sanitaria pero, sobre todo, de control de la circulación social dirigida por el gobernador. Gerardo Zamora gobierna Santiago del Estero ininterrumpidamente desde 2007, con un período intermedio a cargo de su esposa. Radical, y único resabio de la transversalidad lanzada por Néstor Kirchner en 2003, cuenta con el más alto nivel de apoyo en las urnas del país. Producto de una alianza de partidos que incluye a casi todo el arco político, construyó una hegemonía que se extiende ampliamente por la sociedad civil y le permite contar con todas las intendencias y cargos ejecutivos de la provincia.

Apoyado en esta legitimidad y poder, ha enfrentado la pandemia del Covid-19 con decisión y excelentes resultados. Su estrategia sanitaria se nutre de la memoria y la planificación; en ese orden. Memoria, porque se inspira en la dolorosa experiencia de la Gripe A (H1N1) de 2009 que Santiago, la segunda provincia más pobre del país, sufrió duramente mientras Zamora hacía sólo dos años que gobernaba. Y planificación, porque ha diseñado un sistema por el cual la policía mantiene un amplio control de la circulación en las calles y sobre todo de las rutas nacionales que atraviesan la provincia hacia el norte y centro de nuestro país. El gobernador goza de un amplísimo apoyo popular por su política frente al Covid-19 porque logró que la provincia se haya mantenido desde el inicio como una de las provincias con menos infectades y sin ninguna muerte hasta la fecha. 

La llamada cuarentena empezó en marzo con retenes cada quinientos metros en las principales avenidas del aglomerado Santiago-La Banda, reforzado por profusas detenciones de infractores, así como ejemplificadores despidos de funcionaries provinciales que infligían el decreto de confinamiento hogareño y nula circulación. Los primeros meses, la pandemia sumió a la provincia en una calma que el ingenioso humor popular tradujo en una receta de aislamiento “urbi et orbi” que ni al infectólogo oficial, Dr. Pedro Cahn, se le hubiera ocurrido: la salvación del mundo estaría … en la sagrada siesta santiagueña … mal que les pese a la vecindad tucumana. 

 

 

Promediando los dos meses de pandemia y gracias al éxito que estaba logrando Zamora -el memorioso-, se permitió un relajamiento de la circulación al interior provincial, sólo dentro del marco de los departamentos. Estos son espacios jurisdiccionales que se reparten todo el territorio provincial e incluyen una gran zona rural y varias localidades. Así, Santiago del Estero tiene un primer cordón de control de ingreso en los límites provinciales y una serie de controles internos en los límites de los departamentos. Estos controles superpuestos fueron posibles, en esta segunda etapa, gracias al envío de 1500 policías a la zona de frontera de la provincia. Un santiagueñe que retorna a la provincia, esté con infección o no, como miles de trabajadores golondrinas que vuelven de las cosechas en Río Negro y la provincia de Buenos Aires, debe superar sobre demandados y agotadores retenes antes de poder llegar al aglomerado Santiago-La Banda. Este sistema de controles consecutivos permitió que fueran detectadas varias personas infectadas en los bordes provinciales o que fueran aisladas una decena de localidades en los primeros 100 km dentro de la provincia ante algún caso y que eso permitiera aislar y evitar la expansión del virus. 

Aquella misma dispersión poblacional que inhibe en toda la geografía provincial la extensión descontrolada del virus, es la que mantiene desde hace 467 años viva la cultura y el habla quichua. Con alivio, en esta segunda etapa de la pandemia ya es posible conseguir locro en los barrios populares, comerlo, e irnos a dormir la insustituible siesta santiagueña.

 

“Donde quema mucho el sol, se pita cigarro en chala Donde se cantan vidalas y el ser criollo es un honor Chacarera, chacarera, melodía montaraz Sos arrullo de toro y cabra, nido de tigre y puma” Debajo de cada alero de las viviendas campesinas, lloran sus añoranzas la chacarera, la siesta, el calor, el kakuy y el crespín, esperando que se vaya el Covid.”

 


Desde Santiago del Estero, Rodolfo E. Domnanovich, politólogo, planificador urbano y fotógrafo de naturaleza, se levanta de la siesta para contarnos cuáles son las claves que permiten que la provincia lleve adelante una buena estrategia frente a la pandemia del Covid-19.

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