HABITANDO EL AISLAMIENTO #6: HABITAR LOS BORDES SENSIBLES

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Continuando nuestras crónicas de la pandemia COVID-19, nos llega este relato particular desde uno de los ¿bordes? del territorio nacional. May plantea sus observaciones y reflexiones sobre el caso de Cholila (Chubut) como ejemplo particular de tantos pueblos que conforman el “interior” del país, impulsadas por el contexto de la cuarentena, y Melina las ilustra con su trabajo fotográfico.

Texto por May Polemann – Fotografías por Melina Figún


Queda al margen la discusión de si Cholila -que está en Chubut cerca de la cordillera- es parte del interior de la Argentina, o de las afueras ¿Afuera de dónde?  CABA también está en el borde… en un borde acuático, con una centralidad de poder económico y político que la transforma es una especie de… ¿boca- estómago-intestino? ¿aparato digestivo del cuerpo nacional?

Y entonces, afuera es claramente cuando ni te nombran… En una reciente nota de diario progresista con tirada nacional, pegaban un salto cósmico entre Epuyén y Esquel. En el medio la nada, Cholila no se nombra a pesar de tener vecinxs con el porte de Rocca, Tinelli y Sigman, gente con suelo para asentarse y algo más, propietarios de los alrededores… 

Dentro de estos territorios innombrados, apenas comenzado el ASPO por la pandemia, varias personas mayores de 70 años estaban en lo que supuse las puertas de sus casas, con el barbijo.  Antes de que nadie dijera que era obligatorio:  sombrero de ala media (dice una porteña afincada por estos pagos hace un año), pañuelo al cuello, camisa, chaleco –hacía calor todavía-, bombacha de campo, zapatos –creo… ¿o botas? no me fijé!- y  ¿¡barbijo!? ¡Eso sí me fijé! Con mi perspectiva propia de una recién llegada y el prejuicio de cómo permean localmente las realidades nacionales, me sorprendió la rapidez de la incorporación del adminículo cuando ni siquiera hay casos en La Comarca de la que formamos parte.

Hay zonas del país que son consideradas como el afuera y son en verdad la piel, el lugar de terminales sensibles, dónde se sienten el sol y la lluvia, donde se extrae la materia prima para la elaboración de alimentos y otras cuestiones esenciales. Hay partes de la piel que el cuerpo ni sabe que existimos y sin embargo estamos, y somos el 100% de nuestra existencia.

La vivencia local de la cuarentena hay que tamizarla según quien habla. A la difícil situación de pretender transferir la experiencia del aula a algo volcado en una pantalla de computación y la consultoría sobre procesos productivos a intercambios virtuales, se sumó la pena por no poder hacer asados con amigxs del pueblo… eso se espejó con una solidaridad amorosa de grupo en redes sociales, procurando calmar ansiedades… ¿muy diferente a la situación en CABA? No lo creo.  Lo que sí es abismal, es la diferencia de ver por la ventana montañas, árboles, cielo, nubes, perros, vacas, ovejas, pájaros…. La diferencia de caminar en casa, cuando tenés a disposición media hectárea.

En el pueblo casi nadie tiene media hectárea, y parte de lo que se vivió los primeros días fue la expresión de ausencias históricas en la formación de las fuerzas de seguridad, sumado a directivas actuales de la provincia que conspiran claramente contra el fin esencial de esa fuerza: cuidar a ciudadanos y ciudadanas. Entonces, quien en el éjido urbano se encontrara fumando dentro de su terreno y en la puerta de su casa, era reprendido/a y conminado a meterse adentro… Sí se podía ir a comprar comida y en el pueblo apenas son 3 cuadras para encontrar el “centro comercial”, quien a las 21hs anduviera buscando dónde comprar, tenía confiscado el auto… luego se vio una revisión de la medida, coherencia en pandemia que reconoce las capacidades y límites en tiempos de emergencia. Lxs niñxs en casas pequeñas y no siempre acondicionadas para pasar mucho tiempo adentro, fueron ganando calles y terrenos cuando podían, discretamente, cuando les dejaban. Pero esto no pasó sólo en Cholila, allí también nos encontramos con la experiencia de la piel del interior, ese lugar que queda después de las centralidades visibles de poder económico-político (corazón, pulmón, cerebro del territorio) y en el cual se vive, se quiere, se produce para sí y para el resto del país.


Gráfica por Cecilia Molinaro

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