PAISAJE Y PASAJE POR LA RP40: ERNESTINA Y ELVIRA

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En el mes de diciembre se llevó a cabo el simposio sobre paisajes culturales urbanos, periurbanos y rurales del Comité Científico Internacional de Paisajes Culturales de ICOMOS – IFLA donde se reunieron ponencias nacionales e internacionales con el fin de exponer las diferentes problemáticas y oportunidades para vastas extensiones de territorio en América Latina.

Autora: Yamila S. Gonzalez

El paisaje cultural es el escenario del desarrollo de la vida en sociedad. Sea perpetrado en el tiempo o se encuentre en pleno proceso dinámico de cambio: se transforma, se regenera, se resignifica, muta o simplemente se aísla y queda en el olvido de la sociedad que no lo vivencia. El paisaje permanece, intacto o no, y convive con una historia que lo enmarca y reivindica. La importancia de forjar nuestra cultura a través del paisaje implica la posibilidad de adaptar cada una de las áreas el desarrollo de una manera tal que el impacto que genere no afecte el territorio de manera negativa, sino que conviva y lo preserve; que forje un vínculo entre el habitante, el entorno natural y la cultura para que prevalezca en las generaciones futuras. 

El encuentro tuvo lugar del 10 al 13 de Diciembre en la Nave Cultural de la ciudad de Mendoza, donde a través de las diferentes ponencias se debatió acerca de la fragilidad que afecta a muchos de los paisajes culturales urbanos, periurbanos y rurales; amenazados y vulnerabilizados por la explotación inapropiada del suelo como consecuencia de la falta o incorrecta gestión por parte de los organismos regularizadores (estado) que debe controlar, regular y velar por el correcto uso del mismo. 

Nuestro país fue elegido como sede de la reunión anual del Comité Científico Internacional de Paisajes Culturales (ISCCL)  y la elección de la ciudad de Mendoza no fue casual: uno de los objetivos dentro de las sesiones era el de evaluar, a través del debate, la posibilidad de proponer la postulación ante la UNESCO de los paisajes vitivinícolas americanos dentro del listado de paisajes del patrimonio de la humanidad. La lista estaría encabezada por la ciudad de Mendoza, la cual ya es portadora del título “Grandes Capitales del vino”, siguiéndola varias ciudades andinas. 

La ciudad de Mendoza aspira alcanzar la categoría de Patrimonio Mundial ante la UNESCO con los “Pasos Sanmartinianos”. Aprovechando esta oportunidad de debate e intercambio, presentó y expuso el caso como eje de discusión entre los participantes del encuentro, para generar a través de este intercambio, las bases científicas y académicas necesarias para una posible postulación ante la CONAPLU (Comisión Nacional Argentina para la UNESCO).

Este tipo de encuentros es de suma importancia para el análisis multidisciplinar de las diferentes problemáticas y de, este modo, arribar a mejores soluciones. 

PH: Yamila S. Gonzalez

En esta ocasión participé dentro del espacio joven en Mendoza y expuse sobre mi investigación respecto al paisaje de estos pueblos rurales. Elvira y Ernestina datan de un tiempo de desarrollo de nuestro país. Ambos pueblos, como el resto que los suceden en el tramo, formaban parte del trazado del Ferrocarril del Sud. Son producto de los trazados férreos que comenzaban a conectar todo el territorio nacional allá a principios del siglo XX, enmarcados en un paradigma agro-económico de desarrollo.

Mi experiencia en Ernestina y Elvira

El abordaje de la temática del patrimonio fue a través de la pasantía de investigación “Resiliencia, participación social y sostenibilidad como enfoques proyectuales estratégicos para la conservación del patrimonio urbano arquitectónico” (PyH23) de LINA Plataforma, dirigida por la Arqta. Carolina Quiroga. A partir de esta investigación descubrí dos pueblos situados en la RP40, entre los partidos de Lobos y 25 de Mayo: Ernestina y Elvira, las gemelas de un paisaje suspendido en el tiempo. 

Maria Elvira Carboni Romero y Ernestina Gandara Casares de Keen fueron dos mujeres poderosas de su época que dieron nombre a las estaciones del tren, dada la imposibilidad de repetir el nombre de un pueblo y que sus esposos ya contaban con ese título al fundar los poblados de Carboni y Keen.

PH: Yamila S. Gonzalez

Estos dos pueblos, originalmente consolidados como asentamientos; son producto de  la inversión de los terratenientes locales. La operativa fundacional de un poblado de estas características se centraba en la conectividad con el centro de Buenos Aires para lograr un fluido comercial directo desde las fincas a la ciudad. Con el cambio del modelo económico de “granero del mundo” y las crisis económicas que sacudieron al país, el ramal poco a poco perdió la impronta de progreso que lo supo ver crecer. El éxodo rural a la ciudad comenzó a sentirse con intensidad. Entrada la década del ‘90 y por el desmantelamiento de todo el sistema ferroviario producto de las políticas neoliberales, el tren dejó de pasar.

Estos pueblos se desconectaron del sistema por completo, quedando suspendidos en el tiempo. Actualmente la población ronda los 150 habitantes y agoniza a la espera de políticas de gestión que los vuelva a incluir dentro de un marco general de conectividad y desarrollo. Casi no cuentan con población media productiva, ya que los jóvenes han migrado en busca de oportunidades que son difíciles de encontrar en esas tierras. Mientras los pobladores aguardan por respuestas, los oportunistas están a la espera de la degradación total de los poblados, por la posibilidad de instalarse en medio del territorio de la pampa húmeda y establecer sus desarrollos agrícolas o inmobiliarios. Mismo proceso de gentrificación que sucede en las áreas degradadas de las grandes ciudades, donde el nuevo uso del suelo instala a nuevos pobladores, desplazando de manera violenta a los habitantes originales del lugar.

PH: Yamila S. Gonzalez

Siguiendo con la importancia de la preservación del patrimonio dentro del colectivo cultural; Ernestina y Elvira como consecuencia de la desafección de su conectividad y su aislamiento presentan un paisaje cultural y arquitectónico perpetuado en el tiempo. De a poco la naturaleza comienza a borrar las cicatrices de esos trazados que cuentan un pasado que no volverá, dejando atrás todo vestigio de prosperidad y progreso; pero sin perder la esperanza que vuelva a surgir una oportunidad para los que quedan de volver a ver una obra en el Teatro Argentino, o asistir a misa los domingos en la Catedral. 

Identificar la riqueza de los paisajes que nos contienen nos hará pensar en la necesidad de preservación, cuidado y correcta utilización de los mismos, dentro del ámbito privado como también de manera colectiva. Llegará el día donde las amenazas a este tipo de poblados sólo existirán en el imaginario de villanos de cuentos.

La sociedad del futuro sabrá imponerse a las irregularidades y atropellos, llevando como estandarte el derecho que cada habitante tiene sobre el territorio que habita.

La necesidad de una formación educativa que se centre  en la consolidación de las culturas autóctonas y propias es fundamental al momento de poner en debate este tipo de problemáticas. La especulación inmobiliaria y sus consecuencias inmediatas en los procesos de gentrificación de áreas que deberían estar protegidas o reguladas; el crecimiento descontrolado de las ciudades hacia áreas rurales arrasando con el soporte natural de manera indiscriminada; la deforestación y el desmonte como consecuencias del enriquecimiento económico para algunos sectores que crea un daño en el territorio irreversible, posible de ver hoy con las inundaciones en el litoral y centro de nuestro país son factores fácilmente detectables y prevenibles si los miembros de una comunidad se encuentran informados sobre la importancia de cuidar y preservar sus extensiones de tierras.

Destaco la apertura y el aliento a la investigación que este tipo de eventos forja en los profesionales en formación, como así también el fomento de la protección de estas extensiones de territorios. Las amenazas a las cuales se enfrentan estas extensiones de territorio que analizamos y categorizamos como paisajes culturales son ocasionadas en su mayoría por factores de índole cultural, siendo consecuencia de la falta de gestión, reglamentación y carencia de políticas integrales que garanticen su preservación. 

Entender que nuestra historia como latinoamericanos y latinoamericanas se encuentra en la tierra, en el entorno natural, revivirá lo vernáculo de nuestro patrimonio paisajístico cultural y nuestra identidad dentro del territorio.

 


Fotografías: Yamila S. Gonzalez

Edición de fotografía: Cecilia Molinaro

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4 respuestas a “PAISAJE Y PASAJE POR LA RP40: ERNESTINA Y ELVIRA”

  1. Excelente artículo. No sorprende viniendo de la profesional que describe pormenorizadamente el mismo. No escapa al lector la influencia e intervención o no de la denominada política de nuestro país; en estos aspectos y en otros de singular o primaria atención, tanto villanos o supuestos héroes, unos por obra, otros por deliberada omisión han ido deteriorando en el tiempo las condiciones, calidades y necesidades de la población en general. Nadie puede soslayar que la constante migración de gente de nuestras provincias, acrecentada desde hace varios años por la de extranjeros a las principales capitales de nuestro país, ha dado como resultado mas carencias educacionales, sociales, de seguridad, atención primaria de la salud, superando ampliamente el límite de capacidad de atención poblacional en las mismas. Como bien se señala, conservar nuestra identidad en principio es un derecho y por supuesto una obligación como resulta nuestra soberanía cultural y física de cualquier gobernante de turno. Quien así no lo entiende u ejerce, no veo que merezca se le reconozca la responsabilidad y capacidad de gobernar.

  2. Felicitaciones a la autora. Un artículo que nos hace reflexionar sobre la cultura, la historia pero sobre todo en la importancia de nuestra identidad. No solo para perdurar en el tiempo, sino para no perder nuestra huella en el territorio. Felicidades Yami!

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