UN MINISTERIO PARA EL HÁBITAT

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¿Para que puede ser útil un Ministerio de Vivienda y Hábitat? ¿Que le aportaría a la vida cotidiana de la ciudadanía? Desde Hábitat Ciudadano nos proponemos a reflexionar sobre el hábitat y poner sobre la mesa un debate pospuesto relacionado a la vivienda.

por Mariana Segura

La vida cotidiana de cada persona transcurre en parte dentro de lo que llamamos vivienda, hogar, casa, departamento, y en parte en otros lugares.

Que la palabra hábitat haya aparecido en el nombre de un ministerio, que es son organismos con la responsabilidad exclusiva de desarrollar políticas públicas, es bienvenido, porque si se habla solo de vivienda, se está hablando de una parte de las necesidades que tenemos. 

Esos otros lugares, pueden ser aquellos a los que se tiene que ir, ya sea por trabajo, educación, actividades culturales y recreativas, por salud, para encontrarse con otras personas, realizar trámites. También pueden ser aquellos por los que se transita. Entonces se ve que en la ciudad, el espacio público es otra parte importante de vida diaria de las personas.

Por lo tanto, no es lo mismo vivir en el medio de una ciudad que vivir a 5km o a 20km de ella, es totalmente diferente vivir con servicios públicos (transporte, salud, educación) cerca que con carencia de uno o más de ellos. Es distinto tener acceso a infraestructuras como agua o cloacas, que no tenerlo. Hay una enorme diferencia de tener espacios públicos iluminados y con árboles, que otros que son mas páramo. Estas situaciones favorecen o restringen el acceso a los bienes y servicios que tiene la ciudad. Por lo tanto, superar la escala de vivienda es algo extremadamente positivo, ya que no solo se piensa en personas o familias aisladas y sus necesidades internas, sino que coloca en el centro, al concepto de sociedad, en forma colectiva y compartida.

Considerar la temática del hábitat para la creación de un Ministerio implica tener un mirada amplia, que no se está pensando que la vivienda resuelve todo como plantean otros enfoques. En realidad, una vivienda funciona bien cuando está vinculada a las redes de infraestructura (agua, cloaca, gas, electricidad, teléfono, internet) según su localización, y no todas las ciudades en el país tienen todos estos servicios garantizados; también necesita de los servicios públicos de transporte, de recolección de residuos, etc. 

La decisión de dónde se va a poder acceder a la vivienda propia es un tema preocupante. Esta elección siempre está determinada por la oferta y los recursos con los que cuenta cada familia. Muchas veces la oferta está distanciada del área urbana, en un área degradada, separada por barreras arquitectónicas importantes, o no cuenta con los servicios ya mencionados. Cuando la oferta estuvo definida únicamente por el sector privado, los loteos se hicieron lejos de las ciudades, muchas veces sin la infraestructura necesaria y sin accesibilidad a salud, educación, trasnporte y trabajo. Donde al mercado hace negocio, no siempre los que pretenden acceder a su casa serán beneficiados.

Lo contrario a esto sería establecer la oferta del lugar mediante un proceso en el cual se analice la ciudad, se elija estratégicamente el lugar que se quiere desarrollar y se contemple hacia dónde se quiere hacer crecer la ciudad. Un proceso liderado por el Estado, con la contribución necesaria de especialistas y la ciudadanía involucrada  desarrollando una planificación urbana participativa, para asistir a las familias y colectivos en la toma de mejores decisiones, para que cada familia, colectivo o persona individual pueda elegir un buen lugar para vivir.

Hasta el momento, la planificación urbana, la política de vivienda y la participación ciudadana no siempre han coincidido en una misma mesa de definiciones y en este nuevo Ministerio esperamos que esto sí suceda debido a que la política de vivienda comenzará a pensarse desde una perspectiva del hábitat, definiendo de forma inteligente, en qué lugares se debe construir, reparar, mejorar las viviendas en las ciudades, incluyendo en ellas la idea del periurbano productivo. Además entendemos que el nuevo gobierno al proponer un ministerio de este tipo va a establecerlo en diálogo con la ciudadanía, lo cual va a suponer una situación de mejoría respecto a lo que existe actualmente.

El 90% de la gente que quiere acceder a una vivienda, no es para lucrar con ella sino que la quiere para vivir. A través de un alquiler, de un crédito, de un subsidio, con un préstamo hipotecario, autoconstruyendo o mediante una cooperativa de la vivienda es importante que haya diversas formas de llegar a tener una casa, un hogar o un departamento en el cual cada familia o colectivo va a organizar su vida. 

¿Por qué es importante? Porque si es solamente el mercado quien produce vivienda y define dónde, cuándo, cómo y a qué precio se va a comercializar, la ciudadanía queda siempre en inferioridad de condiciones frente a ese mercado, que por lo general maneja la vivienda como si fuera un producto y no una necesidad básica. 

Las necesidades no son siempre las mismas. Hay familias que requieren mejorar el lugar en el cual ya viven, otras a las que se les puede refuncionalizar algún edificio vacante o facilitarles el acceso a tierras ociosas, también estarán quienes necesiten vivienda nueva o los barrios existentes que requieren algún servicio público o infraestructura pendiente, o quienes viviendo más de 10 o 15 años en el mismo lugar, aún no tienen su título de propiedad. Las situaciones son muy diferentes, y demandan una acción no solo relacionada a la temática de vivienda en sí, sino resolver aquellas otras cuestiones que ya mencionamos y que hacen a la vida urbana y rural.

Habría que analizar también quiénes construyen las viviendas y los espacios públicos porque tiende a creerse que las grandes las empresas contratistas son las únicas que lo hacen. 

Si se observa quienes construyen la ciudad se verá que existe más de una opción. Por un lado, están las desarrolladoras inmobiliarias cuyo fin en general es maximizar sus ganancias. Con buenas reglas posiblemente también puedan brindar un buen servicio, siempre que se adapten a ganancias buenas pero razonables. Por otro lado, están las empresas constructoras medianas y pequeñas, PyMEs en general asociadas a un equipo de profesionales, que se hacen cargo de hacer viviendas en donde hay lotes vacíos dentro de la trama urbana, y en general tienen un margen de ganancia acorde con el trabajo realizado. Las cooperativas es otro de los actores dentro del abanico de posibilidades para la construcción en la ciudad. Se encuentran a lo largo y ancho del país y están divididas en dos tipos: cooperativas de trabajo que producen viviendas y obra pública (pequeña o mediana) colectivamente y cooperativas de vivienda, familias y personas. Hoy, en algunas ciudades, a esta forma se le llama co-housing, pero en realidad las cooperativas de vivienda existen hace décadas. En este sistema, colectivos de personas compran o consiguen un terreno y construyen un conjunto de viviendas comunitario o cooperativo, incluso con espacios comunes, que terminan siendo una solución sumamente interesante porque mejoran las relaciones, los vínculos: esos espacios comunitarios hacen ciudad profundamente. 

La modalidad de autoconstrucción es otra de las opciones. En este caso, edifican sus propias viviendas y muchas veces no son suficientemente asistidos por el Estado. Cabe destacar que en muchas de estas formas de construcción mencionadas se vio un incremento de participación de mujeres en los últimos años, aunque todavía no existe el reconocimiento de la labor. 

No solamente el mercado -de forma medio anónima- ofrece producción de vivienda, sino que existen todas estas variantes. Pero si no hay políticas públicas que las pongan en valor, que las promocionen y que las asistan a la hora de mejorar sus capacidades dejarán de tener potencia y la ciudadanía y la sociedad en su conjunto perderán la posibilidad de acceder a recursos económicas para tener su casa. 

Existen expectativas en que estas cuestiones estén consideradas en el accionar del Ministerio de Vivienda y Hábitat, abordando la problemática desde una mirada integral.  

En abril de este año, en la Universidad Nacional de Lanús, se realizó el Encuentro Federal de Hábitat y Territorio, en el cual en base a 10 puntos iniciales, 32 pre-encuentros, 40 expositores, 10 talleres y más de 1200 participantes, se trabajó en profundidad en el tema de hábitat y vivienda y tal vez de forma premonitoria o inductiva, una de las dos propuestas macro, fue justamente la conformación de un Ministerio de Hábitat.

Fotos: Cecilia Molinaro

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